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40 voluntarios del Voluntariafo Deportivo disfrutarón en la Holi Run en una fiesta deporte, musica y Diversión.

200 voluntarios disfrutarón en la Holi Run en una fiesta deporte, musica y Diversión.

Si no pudisteis venir a la Holi Run, ¡no os preocupéis! Vamos a dar unas pequeñas pinceladas de lo que vivimos los cerca de 40 voluntarios de la FDM aquel día. Sabemos que no es lo mismo, pero... ¡Empecemos!

Cinco y media de la mañana, una buena hora para quedarse en la cama y estampar el despertador o tirarlo por la ventana. Debe ser un delito levantarse un domingo antes de las diez de la mañana. ¡Pero no para un voluntario! Y más si toca una carrera nueva en la que nunca habíamos estado antes: la guerra de colores nos esperaba.

Puntuales como un reloj, a las 7 estábamos todos en el punto de quedada, el Recinto Ferial del Puerto, para recoger nuestra camiseta y pulsera y dirigirnos por grupos a nuestros puestos asignados.

 

Ese día todo era verde para los 20 voluntarios de la trinchera verde. Un arco de ese mismo color marcaba el inicio de la batalla en ese punto. Vallas preparadas, bidones de polvo preparados, gafas y uniforme puestos; tan sólo faltaban los enemigos, que se hacían de rogar. Cuatro equipos muy impacientes y alterados, calentaban motores probando las municiones entre ellos: los ataques de frente y a traición estaban permitidos, una regla que aprendimos en seguida.

Mientras tanto, nuestros 10 compañeros de control de recorrido, ya estaban alerta. Vestidos con camisetas gris oscuro y petos naranjas, se distribuyeron por su zona asignada. Su misión era clara, respiraban aliviados creyéndose a salvo de la guerra de colores, pensando que regresarían impolutos a sus casas.

Avistamos a los primeros corredores. Adultos, niños e incluso alguna mascota, nadie quería perderse este evento tan divertido. Se acercaban rápido y esquivaban nuestros ataques. Pero muy pronto llegó el pelotón y no se salvaba ni Dios. Nubes de polvo verde flotaban por los ocho metros aproximadamente que medía nuestra posición. Los bidones se llenaban de manos que salían cargadas a rebosar de polvo verde. Algunos voluntarios empleaban las tapas de plásticos de estos contenedores para que les cundiera más la munición. Otros recogían polvo que caía al suelo para seguirlo lanzando a la marea blanca de participantes. Los silbatos empezaron a sonar, intentando despejar el recorrido. Uno de los nuestros se metió en medio y a grito pelado intentaba que los corredores se fueran de allí más rápidamente, para que el polvo cubriera a todos por igual. El atasco fue tremendo: llegó un momento en el que los enemigos andaban o se quedaban quietos, deseando ser disparados, pidiéndolo y suplicándolo incluso. Poco a poco fueron pasando todos y fue cuando empezamos a derrochar el polvo, en vista de que había sobrado un montón. El primero de los arcos quedó en el pasado, ocupando la mente de los deportistas el siguiente color en el que rebozarse.

La mitad de los compañeros verdes fueron a relevar a los amarillos, nuestro equipo de 10 personas de avituallamiento. El resto nos quedamos desmontando el arco, las banderas, arrinconando vallas y ayudando en lo que nuestro jefe de sección nos indicaba. Tras ello, un barrendero muy amable nos tiró el aire a presión de su soplador de hojas, y así, un poco más limpios, acudimos a avituallamiento, aunque una vez allí poco nos duró. Ya que además, en esta edición, aparte de colores, a la llegada a meta recibías la HoliBlitz Glitter, una lluvia de purpurina dorada.

Los voluntarios de amarillo se pensaban que poco quedaba por hacer, pero nada más lejos de la realidad. Ahora ellos entrarían en acción en esta guerra con las holi boom frente al escenario, que ya estaba en marcha con música, speaker y polvos de colores. Algo que los holirunners también esperaban con muchas ganas. La guinda a esta divertida carrera, una fiesta final que duró más o menos hasta la una del mediodía. Cada voluntario cargaba su recipiente asignado con dichos polvos cuando se les indicaba, repartía vasitos monodosis entre el público, lanzaban sobres de colores cerrados a la multitud y, a la señal del speaker, todos se subían a una especie de asiento metálico, se colocaban de pie, de espaldas al público y se iniciaba la cuenta atrás. Al llegar a cero, todos lanzaban a la vez los polvos de colores, creando una atmósfera similar a la niebla pero menos densa y multicolor. Los compañeros de recorrido fueron llegando al escenario también, para reforzar y ayudar en esta labor. Amarillos y grises se mezclaron, charlaban a gritos para oírse unos a otros, salían de la zona del escenario a visitar a los verdes, volvían a entrar, nos atacaban con polvos y más polvos... Una mañana movidita en la que algunos quedaron irreconocibles. Las sesiones de fotos y selfies no faltaron, ¡por supuesto!

¡Ah, sí! Y para recuperar fuerzas, un perrito caliente con agua fresca nos esperaba en el bar. Saltando colas fuimos unos verdaderos expertos: nuestra misión debía continuar y no podíamos perder el tiempo, que conste en acta.

El resultado, como podréis imaginar, fue que TODOS, absolutamente TODOS los voluntarios de la FDM pudieron disfrutar, divertirse, bailar, pegar saltos hasta llegar a la locura (controlada, por supuesto, pero no me preguntéis por quién) en este día tan especial. Ninguno regresó a casa sin su bautismo de color y si alguno se escapó, nos os preocupéis que caerá en la siguiente. Un día lleno de color, buen ambiente y en el que TODOS nos convertimos en críos durante unas horas en esta guerra de colores.

De este evento destacaría también: 

- Cómo acabó Paquito, nuestro voluntario anti-manchas, que no quería, no quería, pero terminó hecho un remolino de colores.

- Las hermanas Ródenas disfrutaron como enanas.

- Cristina Ramos y Rafa lanzaron más colores que todos los verdes juntos :-)

- Leandro se convirtió en el primer árbitro verde.

- Nuestras trillizas Cris, Bego y Laura hicieron más croquetas que Findus.

- Lacomba dio clases magistrales de como ducharse en un bidón de agua.

- Las zapatillas anti-polvo de nuestra compañera Anabel.

- A los tres despistados que protagonizaron "en busca del arco verde perdido": Alejandro, Maribel y Begoña.

- Los todo-terrenos de Miguel y Abrahán.

- A los pro-color run: Óscar, Perea y Maria José.

- Y, cómo no, al resto de compañeros que han hecho posible este evento, aportando cada uno de ellos su granito de arena: Tamara, José Enguinados, Fernando, Silvia, Janeth, José LLop, Micaela, David, Susana Abulaila, Roberto Ojeda, Julio, Mar, María Reyes, Lorena, Luis Alejandro y Juan Serrano.

Galeria de fotos del evento

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